A principios del siglo XX y tan pronto como los Radioaficionados pudieron establecer los primeros contactos más allá de su propia localidad enlazando regiones remotas o poco accesibles, se pensó en la posibilidad de que sus estaciones, debidamente organizadas, pudieran servir como un grupo auxiliar de los canales normales de comunicación inalámbrica al presentarse situaciones de emergencia resultantes de catástrofes, guerras o fenómenos de la naturaleza...